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¿Que es pecado?

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La educación de los hijos reviste enorme importancia, de eso depende en gran parte su éxito dentro de la sociedad. Mas interesante es aún la orientación moral y religiosa que sus padres les proporcionan ya sea por medio del ejemplo, por medio de consejos, por medio de historias e incluso por medio de comparaciones.

Dentro de la religión cristiana, desde temprana edad, el niño es enseñado que a Dios le gustan las personas obedientes a su voluntad; que Dios bendice y libra del mal a las personas que no pecan.

Al niño se le instruye a no hacer mal al prójimo, porque el mal es pecado. Por consiguiente, desde muy temprana edad sabe que existe una actitud o una acción negativa a la voluntad divina, a la cual se le llama pecado. Por supuesto que es encomiable el que los padres dediquen algo de su tiempo para enseñar a los hijos en el camino de la obediencia al Todopoderoso. Qué bueno sería que no solo en el hogar, sino en la escuela y en cualquier reunión social, se tuviera en cuenta lo que a Dios le agrada y lo que le desagrada. Por demás está decir que tan grande actitud redundaría enorme beneficio para la humanidad eterna.

Es debido a la popularidad de la palabra pecado, que la mente se forma un concepto a través del cual entiende si está alabando a Dios o si le está ofendiendo. Pero…a pesar de eso, es decir de esa popularidad, quizás muy pocas personas han tenido la curiosidad de indagar respecto a sus orígenes y a su aplicación. Conviene por lo tanto, hacer un pequeño resumen de la situación, de tal manera que los lectores tengan una imagen más aproximada de lo que es pecado.


Significado de la Palabra Pecado

Curiosamente, lo que en nuestras Biblias leemos como “pecado”, en la lengua Griega del Nuevo Testamento aparece como “jamartía”, pero estrictamente hablando, pecado y hamartía no son equivalentes entre sí. Hamartía era comúnmente usada por los griegos en general, más que todo dentro del ejército y significaba “errar del blanco”.

Cuando un soldado disparaba su flecha o su lanza y no pegaba en el blanco, entonces se decía que era un “jamartánontas”, es decir, uno que cometía “jamartía” o que erraba en el blanco. Para los griegos “Hamartía” no significaba cometer una ofensa en contra de sus dioses; no era una palabra aplicada a la religión.

Cuando el evangelio hizo su aparición, la palabra hamartía vino a ser incluida dentro de lo que podríamos denominar como un glosario de palabras con aplicaciones a la conducta de las personas en su relación con Dios, “jamartía” fue utilizada repetidas veces por los apóstoles para señalar a alguien que erraba en hacer la voluntad divina.

La necesidad de divulgar el evangelio en diferentes lenguas, y la necesidad de reproducir las Escrituras para diferentes pueblos, fueron la razón motivada para buscar palabras que aproximadamente equivalieran a las palabras utilizadas por los apóstoles. De esa manera, los latinos se valieron de la palabra “peccatus”, los ingleses de un “sin” y los españoles de “pecado”. Todas sirviendo para identificar a alguien que erra en hacer la voluntad divina.

Es de esa manera como la palabra “pecado” ha llegado a nosotros, significando una acción cometida por la persona en contra de la voluntad de Dios. Posiblemente el concepto griego está ausente de la mente actual cuando se habla acerca del pecado.

Diferentes Definiciones de la palabra Pecado

Siendo la Escritura la fuente de conocimiento respecto a Dios y a su voluntad, es normal que ella nos diga en forma bastante amplia, clara y específica, lo que es pecado y cómo se manifiesta. Existen al menos tres definiciones de lo que es pecado. Véanse a continuación:

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; porque el pecado es infracción a la ley…” 1ª. Juan 5:3

El modo tan claro y específico con que Juan define lo que es pecado, evita a la persona divagar en sus pensamientos. Sus palabras no dan lugar a suposiciones de ninguna índole, ni a imaginaciones, ni a falsos razonamientos filosóficos o lógicos, tampoco dan lugar a razonamientos personales. Juan define que el pecado consiste en transgredir la Ley. Así sencillamente, sin tapujos (palabras disfrazadas o disimuladas), ni palabras desconocidas; sin remilgos (palabras melosas o delicadas), ni palabras rebuscadas.

La oportunidad que Juan proporciona a la Iglesia, en el uso de palabras sencillas, conlleva facilidad de entendimiento. Incluso conocer que transgredir la ley es pecado no es privilegio de pocos sino de toda la humanidad. Pablo (Romanos 1:19), firmemente declara que la humanidad conoce lo que a Dios le agrada y lo que le desagrada, sencillamente porque él nos lo ha manifestado. Nuestra conciencia es la depositaria del conocimiento de semejantes verdades. No importa a qué raza, a qué cultura o a qué estrato social pertenezca la persona. Todos sabemos que es malo quitarle la vida a otro humano, todos sabemos que destruir el hogar del prójimo por medio del adulterio es pecado, todos sabemos que el bestialismo o ayuntamiento carnal con un animal es pecado, todos sabemos que el incesto es pecado, etc.

En fin, al definir Juan el pecado como trasgresión de la ley, resume lo que es ofender a Dios. La ley moral de Dios es sumamente amplia, de hecho, involucra en forma completa todo aquello que a Dios le agrada o le desagrada. El humano no puede decir que ha cometido una mala acción que no esté contemplada dentro de la ley. De igual manera, no puede decir que ha hecho una buena acción, sin que esta esté contemplada dentro de la ley moral. Realmente, no existe acción humana alguna que no esté contemplada dentro de la ley, ora sea buena o sea mala.

He allí precisamente la razón por la cual el antinomianismo (oposición a la ley) es abierta contradicción a Dios y ateísmo. ¿Por qué? Porque ningún cristiano puede vivir en santidad si no es por vivir dentro de las normas establecidas en la ley moral de Dios. Nadie puede descubrir nuevos modos de santidad, todo está encerrado dentro de la ley. Tampoco puede decir que aunque cometa faltas, su acción no está contemplada dentro de la ley y por lo tanto está exento de pecado. Admítase o no, todo mundo está sujeto a la ley moral de Dios, de otra manera ¿En base a qué es que los humanos somos juzgados como obedientes o desobedientes? Por ser trasgresores de las leyes divinas es que tenemos al lado de la Majestad divina un abogado intercesor que sin cesar vela por el perdón de nuestras trasgresiones.

“Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte…” 1ª. Juan 5:17

como si la anterior declaración fuese insuficiente, Juan vuelve a la carga respecto a lo que es considerado pecado, y en lugar de mencionar nuevamente que pecado significa trasgresión a la ley, informa más ampliamente, declarando que la injusticia es pecado.

Uno puede fácilmente advertir en Juan una secuencia de sus anteriores palabras, sencillamente porque la palabra injusticia (Adikía en Griego) es un término legal, es decir relativo a la ley.

Otros términos relativos a injusticia son: iniquidad, ofensa, agravio, violación, maldad, etc. La pregunta sería ¿Violación a qué, agravio contra qué? Sin lugar a dudas contra la ley moral de Dios.

El pecado se manifiesta de una manera tan abrumadoramente amplia que difícilmente, o mejor dicho imposible, el humano puede levantar su cabeza en señal de dignidad u orgullo victorioso de no ofender al Todopoderoso.

A la par de Pablo, Juan es uno de los escritores inspirados que más habla de la relación legal del hombre hacia Dios, de la relación el hombre hacia el hombre y del compromiso inherente de obediencia hacia la ley moral de Idos no por obligación sino por amor (1ª. Juan 5:3). Juan eleva decisivamente la ley en contra de las ínfulas nacidas en la pretensión humana, la cual afanosamente lucha por suprimirla con propósitos inclinados hacia el mal, tan así que es enérgicamente y sin ambages declara: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” 1ª. Juan 1:8

De los versículos citados, se entiende que para el “apóstol de amor”, como se le llama a Juan, la definición de los que es pecado involucra pocas palabras: Infracción a la ley, trasgresión a la ley, o violación a la ley.

Como verdadero acierto Juan es catalogado como el apóstol del amor, con todo, él es uno de los escritores inspirados que con más énfasis y claridad define a los hijos de Dios como exentos de pecado, siempre y cuando eviten transgredir la ley.

“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado…”  Santiago 4:17.

Adecuando la sintaxis, se podría definir al pecado como “Saber hacer lo bueno y no hacerlo”.

Santiago, al igual que Juan, evita todo tipo de embrollos técnicos y filosóficos, define en palabras sencillas lo que es pecado. Como si Juan hubiese sido inexplícito, Santiago abarca todos los límites de la imaginación humana; sus palabras: ‘Toda maldad es pecado’ innegablemente son hato suficientes como para que aún las mentes más sencillas entienden qué es pecado.

¿Podría el hombre civilizado argumentar ignorancia sobre qué es bueno y qué es malo? Sencillamente no. Toda persona ha sido dotada por Dios de sentido común, y con excepción de quienes oí desdicha tienen problemas mentales, y de aquellos seres a los cuales los albores de la civilización todavía no han aparecido; todos sabemos lo que es bueno y lo que no es bueno.

En conclusión no hay razón para buscar pretextos por medio de los cuales obscurecer las palabras de Santiago respecto a lo que es pecado. La palabra de Dios lo dice  en forma clara, sencilla y concisa. Las explicaciones técnicas o teológicas son innecesarias. Las Escrituras fueron realizadas con el propósito de ponerlas en manos de personas que poseen sentido común (todo humano posee sentido común), de donde resulta que todo humano posee noticias sobre lo que es bueno o malo.


Acerca del color del Pecado

Frecuentemente, y a título de informalidad, de vez en cuando se escucha que hay pecado negros y pecados no muy negros (posiblemente sean pecados grises), y pecados blancos. Es decir, al pecado se le aplica color. La cosa no tendría ningún valor si en realidad eso de ponerles colores al pecado fuese nada más que un modo informal de hablar de lo serio que son las ofensas a Dios.

El problema es que eso no se toma como mera broma, sino que es aplicado a la vida real. Frecuentemente la costumbre de mentir posee color. Se dice que hay “mentirillas blancas” y “mentiras negras” ¿Puede alguien creer semejante cosa? Con todo, el cristiano promedio se aferra a ello cuando miente para salir bien de los embrollos en que se mete. La mentira es mentira, y aunque humorísticamente se le atribuya color, no por eso deja de ser mentira, como tal, es maldad y la maldad es pecado. Dios no le atribuye color sino categoría: maldad.

La recomendación que se halla dentro de las Escrituras es no mentir. No hay razón para mentir. Muchas veces al mentir, la persona cae en ridículo y en desprestigio tanto delante de la sociedad como delante de Dios.


Los pecado morales

¿Existen en verdad pecados morales? ¡Por supuesto que no! Siendo que de acuerdo a la palabra de Dios todo pecado es maldad, entonces de su propio peso cae entender que no existen pecados morales, todo pecado es inmoralidad.

Con todo, ¿Ha notado usted que el humano ha establecido una categoría de mentiras a las cuales define como “mentirillas piadosas”, y como mentiras justificables?

El que la persona declare: ‘No le dije la verdad porque temí herirlo; pienso que si le hubiera dicho la verdad lo hubiera matado’, ‘Tuve que mentirle para hacerle un favor a fulano, de lo contrario, él habría ido a parar a la cárcel’. Posiblemente las personas “buenas” digan que la mentira valió la pena; incluso el mentiroso podría ser felicitado por haber mentido. La pregunta es: ¿Es justificable que los hijos de Dios mientan? ¿Justifica Dios las mentiras blancas y las mentiras piadosas?

Es más, existen momentos en los cuales la persona mentirosa viene a ser cómplice de actos peligrosos, obteniendo como recompensa el reproche, el desprestigio, e incluso hasta la cárcel.

En conclusión, la definición que las Escrituras dan sobre lo que es pecado, abre las puertas el entendimiento que hace a la persona comprender que todo aquello que proviene de nuestra naturaleza venida al mal, es una desventaja que no debemos minimizar ni soslayar.

Pecado es, es definición personal, toda acción hecha en contra de lo que a Dios le agrada. Pecado es, contradecir a la voluntad de Dios por medio de hacer aquello que él ha dicho que no se haga.

¡Gracias al Altísimo por habernos proporcionado su palabra, la cual nos declara lo que es bueno y lo que es malo!

 

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